Bitcoin: ¿activo financiero para invertir o para especular?

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“The line separating investment and speculation, which is never bright and clear, becomes blurred still further when most market participants have recently enjoyed triumphs. Nothing sedates rationality like large doses of effortless money”[1]. Warren Buffett.

“Cryptocurrencies basically have no value and they don’t produce anything. They don’t reproduce, they can’t mail you a check, they can’t do anything, and what you hope is that somebody else comes along and pays you more money for them later on, but then that person’s got the problem. In terms of value: zero”[2]. Warren Buffett.

Tras el desplome que el bitcoin sufrió en diciembre de 2017 muchos pensaron que finalmente la burbuja estaba estallando. La criptomoneda marcó un máximo cercano a los 20.000 dólares para luego caer hasta niveles próximos a los 3.500 dólares por bitcoin en enero de 2019, lo que supuso una caída de más del 80%.

Por aquel entonces, algunos ya daban por amortizada esta criptomoneda, argumentando que la misma tenía claras desventajas, lo cual era cierto, como también lo es las ventajas que tiene. Sin embargo, este artículo no se centrará en describir el bitcoin o repasar la tecnología que subyace tras él, ampliamente conocida ya. Lo que pretendemos con este artículo es aprovechar el caso del bitcoin para indagar en las citas que abren este artículo, que se centran en la diferenciación entre invertir y especular.

¿Cuál es la característica principal por la que se puede catalogar un desembolso de un importe destinado a adquirir un activo como inversión?

Si acudimos a la RAE, la segunda acepción del verbo invertir dice lo siguiente: “emplear, gastar, colocar un caudal”. De entrada, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que a ciertos inversores como, por ejemplo, al Sr. Buffett no le parecería adecuado incluir en la definición de invertir la palabra “gastar”. Su biografía y su patrimonio lo atestiguan.

En el glosario de la Guía Financiera Edufinet encontramos la definición del término “inversión” que se define como la “adquisición de un activo real (ejemplo: vivienda) o financiero (ejemplo: acciones de una sociedad)”. Como podemos ver, en esta definición se introducen un elemento diferenciador con respecto a la definición de la RAE, que es el concepto de activo y a su vez su diferenciación entre real o financiero.
Un activo financiero, según la Guía Financiera Edufinet es un “activo de naturaleza inmaterial (no real) que consiste en una forma de mantener riqueza. Todo activo financiero representa para su propietario el derecho sobre unos recursos dinerarios y las rentas asociadas a los mismos frente a quien lo ha emitido, para quien constituye un pasivo financiero”.

Como se desprende de la definición anterior y, respondiendo a la pregunta planteada anteriormente, las características que determinan que algo pueda ser catalogado como activo financiero son: que constituya una forma de mantener riqueza y que suponga un derecho sobre recursos dinerarios y las rentas asociadas a los mismos.

¿Se puede, por tanto, catalogar al bitcoin como un activo financiero? En opinión de Buffett, según se recoge en la segunda cita que abre este artículo, ni el bitcoin ni ninguna criptomoneda pueden ser catalogadas como un activo financiero, puesto que, en su opinión, no pueden producir ningún tipo de rendimiento para las personas que las adquieren.

Lo anterior es cierto. Las criptomonedas, por su naturaleza, no están diseñadas para producir ningún rendimiento para sus tenedores. Por tanto, sólo nos queda acudir a la primera característica definitoria de un activo financiero, que es que sirva para mantener la riqueza.

¿Es el bitcoin una buena forma de mantener la riqueza? Para responder a esta pregunta nos remitimos a la alta volatilidad que tradicionalmente ha sufrido esta criptomoneda. Ahora mismo y, desde su mínimo de enero de 2019, el bitcoin ha resurgido para llegar a superar los 40.000 dólares por bitcoin en enero de 2021. Esto se traduce en una revalorización de más del 1.200% desde su mínimo de 2019.

Tras esta subida tan vertical que ha experimentado el bitcoin, el sentimiento de mercado es que cada vez más, el bitcoin ha de ser tenido en cuenta. Incluso muchos inversores lo están incorporando a sus carteras en sustitución del oro, para que reemplace al metal en el papel que tradicionalmente ha cumplido como inversión defensiva ante la inflación.

Sin embargo, en enero de 2019, el sentimiento era totalmente distinto. Por aquel entonces, tras la caída del bitcoin, pocos inversores ponían al bitcoin a la altura del oro y, desde luego, no gozaba del protagonismo que hoy en día tiene.

Tal y como indica Buffett en la primera cita recogida en este artículo, nunca es fácil distinguir entre inversión y especulación. Pero esta distinción se vuelve aun más difícil cuando se produce una cierta exuberancia en el mercado. Por contra, cuando el mercado se hunde y, por tanto, cuando presenta mejores oportunidades, es cuando distinguir entre inversión y especulación resulta más fácil. La psicología del inversor, juega un papel importante en este proceso, sin duda.

Por último, al bitcoin aun le queda un largo recorrido por delante, pero no nos aventuramos a pronosticar si ese recorrido será exitoso o no. Por ahora, quizás la prueba más relevante de la irrelevancia del bitcoin como medio de pago generalmente aceptado y como criptomoneda para mantener riqueza es que cualquier cantidad mantenida en bitcoins siempre se expresa en términos de otra divisa que sí sea ampliamente aceptada y que se pueda utilizar para adquirir otros activos financieros, como pueden ser el euro o el dólar.

Autoría de la imagen: freepik


[1] 2000 Chairman Letter’s to the shareholders of Berkshire Hathaway, pág 14.
[2] Entrevista a Warren Buffett en CNBC del 24 de febrero de 2020: https://www.youtube.com/watch?v=d6yqrwOZVjY

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