Los beneficios de la educación financiera

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Artículo publicado en el Diario Sur con fecha 22/02/2021

La OCDE proporciona desde 2020 la siguiente definición de educación financiera: “Una combinación de conciencia, conocimiento, habilidades, actitud y comportamiento necesarios para tomar decisiones financieras sólidas y, en última instancia, lograr el bienestar financiero individual”.

Por tanto, conforme a esta definición, son varios los beneficios que se pueden derivar de la educación financiera, como son la toma de decisiones sólidas y bien fundamentadas, o la repercusión favorable en el bienestar financiero, pero dicha disciplina va más allá.

Es beneficiosa porque permite adquirir conocimientos y mejora la capacidad para la gestión de las finanzas personales, en aspectos tales como generar ahorro, distinguir entre deseos y necesidades, administrar un presupuesto, pagar facturas dentro de los plazos establecidos, dar respuesta a la necesidad de vivienda, financiar los estudios o planificar la jubilación, todo ello dentro del entorno y de las condiciones económicas que se afronten en la realidad. ¿Quién mejor que cada persona conoce sus intereses y prioridades para tomar autónomamente sus propias decisiones financieras?

La educación financiera no solo ayudará a crear una hoja de ruta realista que permitirá, paso a paso, tomar buenas decisiones financieras, sino que además facilitará la identificación de problemas y la búsqueda de una solución.

El reforzamiento de la capacitación de los ciudadanos es otro de los múltiples beneficios de la educación financiera; un ciudadano sin conocimientos económicos o financieros se puede encontrar en situación de desventaja y cualquier concepto que se le escape, por sencillo que pueda parecer, le resultará intimidante. La pretensión de la educación financiera no es crear expertos en finanzas, pero sí consolidar y mejorar una base de conocimientos y competencias sólida que permita identificar y conocer los temas en cuestión. El ciudadano bien informado estará en una mejor posición en las relaciones con las entidades financieras, y sus preguntas incidirán en una mejor toma de decisiones.

Comprender las finanzas personales ayudará, por ejemplo, a reducir el riesgo soportado en las inversiones, aplicando el concepto de la diversificación a una cartera de inversión, además de permitir la ampliación del universo de productos de inversión. Además, un buen nivel de educación financiera servirá como medida preventiva ante hipotéticas conductas fraudulentas en la era digital. Un nivel básico de educación financiera ayudará a reconocer las señales de alerta y, como mínimo, a saber dónde acudir para buscar ayuda, asesoramiento o más información.

Se puede afirmar, incluso, desde una visión global, que la educación financiera ayuda a reducir el estrés. Esto es debido a que cuando las personas carecen del conocimiento del estado de sus finanzas, no saben dónde buscar la información que necesitan para tomar medidas, al final se pueden encontrar en un estado de intranquilidad que les ocasionará estrés.

Para terminar, la alfabetización financiera es fundamental para ciertos colectivos, como el de los estudiantes o el de los empresarios, porque cuanto antes se empiece mejor relación tendrán con el mundo financiero en un futuro. ¿Qué persona no tiene interacción con el sistema financiero? La realidad es que todos los ciudadanos tienen una relación de una manera u otra.

Por ejemplo, un empresario tiene una relación directa y la educación financiera le va a permitir asumir la responsabilidad por cada euro, dólar o libra, así como mantener un enfoque nítido en los costes o simplemente mantener un control sobre las entradas y salidas de dinero. Este conocimiento le permitirá tratar con los profesionales cuyo trabajo es asegurar la integridad de las cuentas de la empresa y, en consecuencia, ahorrar tiempo y dinero.

Una educación financiera temprana allanará el camino para la adopción informada de decisiones relacionadas con el dinero y los instrumentos financieros, ya que aprender la importancia de ahorrar y de administrar las finanzas tanto personales como empresariales conducirá a los más jóvenes a ser unos adultos financieramente responsables y, en última instancia, a lograr el bienestar financiero individual.

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