El riesgo financiero en la empresa

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El riesgo es inherente al desarrollo de cualquier actividad empresarial, por lo que una buena gestión de aquel representa un aspecto esencial para administrar un negocio con éxito. Algunos riesgos se pueden gestionar directamente, mientras que otros están en gran medida fuera de nuestro alcance y, a veces, lo mejor que se puede hacer es tratar de anticiparlos, evaluar el impacto potencial en el negocio de la empresa y estar preparados con un plan para reaccionar ante eventos adversos.

Hay muchas maneras de categorizar los riesgos financieros de una empresa. Un enfoque puede ser el de la separación del riesgo financiero en cuatro grandes grupos: riesgo de mercado, riesgo de crédito, riesgo de liquidez y riesgo operacional.

El riesgo de mercado es el que implica que cambien las condiciones en el mercado específico en el que la empresa compite. Un ejemplo de riesgo de mercado es el de la creciente tendencia de los consumidores a comprar a través de Internet. Este riesgo se ha manifestado en los negocios minoristas tradicionales.

Las empresas que han sido capaces de acometer las adaptaciones necesarias para atender a un público de compras online han prosperado y se han beneficiado, mientras que las empresas que han tardado en adaptarse se han visto perjudicadas.

Este ejemplo también se relaciona con otro elemento del riesgo de mercado: el riesgo de ser superado por los competidores. En un mercado global cada vez más competitivo, a menudo con márgenes de beneficio más ajustados, las empresas con mayor éxito financiero tienen más éxito al ofrecer una propuesta de valor única que las hace destacar entre la multitud y les otorga una identidad sólida en el mercado. 

El riesgo de crédito es aquel en el que incurren las empresas al otorgar crédito a los clientes, o el riesgo de crédito propio de la empresa respecto de los proveedores. Una empresa también asume un riesgo financiero cuando proporciona financiación de compras a sus clientes, debido a la posibilidad de que un cliente no cumpla el pago previsto.

Una empresa debe manejar sus propias obligaciones crediticias asegurándose de que siempre tenga suficiente flujo de caja para pagar sus deudas. De lo contrario, las entidades financieras pueden dejar de otorgar crédito a la empresa o, incluso, si se trata de proveedores, de dejar de hacer negocios con aquella.

El riesgo de liquidez se puede dividir en dos: la liquidez de los activos y el de la financiación operativa. El primero se refiere a la relativa facilidad con la que una empresa puede convertir sus activos en efectivo, en caso de que surja una necesidad repentina y sustancial de flujo de efectivo adicional. La liquidez de financiación operativa es una referencia al flujo de caja diario.

Los déficits generales o estacionales pueden presentar un riesgo sustancial si la empresa se encuentra repentinamente sin suficiente efectivo disponible para pagar los gastos básicos necesarios para continuar funcionando como empresa. Esta es la razón por la que la gestión del flujo de caja es fundamental para el éxito empresarial, y por la que los analistas e inversores realizan un seguimiento de métricas como el flujo de caja libre al evaluar las empresas como una inversión de capital.

El riesgo operacional se refiere a las incertidumbres y peligros a los que se enfrenta una empresa cuando realiza sus actividades dentro de un sector o industria determinados. Es un tipo de riesgo que puede resultar de los fallos en los procedimientos internos o del personal, como ya vimos en un artículo anterior. 

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